He decidido recuperar mi tiempo. Empezaré por los recuerdos.
Soy un conocido futbolista, me deslizo con rapidez por la hierba, avanzo con el balón entre las piernas, regateo a ¡dos,tres defensas!, disparo con la zurda y el balón se cuela por la escuadra de la vieja máquina de coser de mi madre.
Mi hermana entra y dice que basta ya de golpes con la pelota de tenis, que me esperan todos en la mesa.
Fin del partido. Bajo el interruptor, se apagan los focos y cae la oscuridad sobre la moqueta verde de mi cuarto.Tengo treinta años, un buen empleo y una casa, pero un dolor me oprime el cuerpo y, cuando llegue la noche, mi madre no vendrá a la orilla de esta cama para rezar las antiguas oraciones.
Pablo Echart Orús